Playa, risas, la luz de las velas… formando grupo en Mallorca

¿Qué es formar parte de un grupo de voluntarios? Normalmente, consiste en participar en reuniones, preparar salidas para determinadas campañas, recogida de firmas…

En una de estas reuniones, se nos ocurrió pasar el fin de semana del 27 y 28 de noviembre en un refugio, el de S’Arenalet, gestionado por el Govern y situado en el Parque Natural de Llevant, al borde de una playa salvaje, uno de los pocos espacios protegidos de Mallorca.

Empezamos la aventura el sábado 27 en el espacio que el parque ha preparado para dejar los vehículos. Nos esperaba una persona del parque, que nos dio unas pequeñas pautas sobre cómo funciona el espacio protegido. Empezamos una excursión de casi dos horas con la mochila cargada -sobre todo de buen ánimo y de ganas pasarlo bien-, camina que camina, disfrutando de la naturaleza, de las complicidades, descubriendo nuevas formas de ver a los compañeros, ¿haciendo amigos?

Después de un tiempo que a mi se me hizo corto, al llegar a lo alto de una colina, nos quedamos con la boca abierta: habíamos llegado a nuestro destino. Al borde de una playa virgen de arena blanca y junto a la vegetación baja de la zona, estaba el refugio.

Después de comer y antes de que el sol se escondiera detrás del mar, nos dirigimos a la playa para hacer una limpieza que habíamos convenido con la gente del parque: pereza fuera. Desde fuera, la playa parece perfecta. Cuando nos acercamos más, lo que sentimos quizá sea tristeza, al ver la cantidad de basura que se extendía por toda la arena y las rocas que la adornan, e impotencia al ver que, por mucho que recogimos -cinco bolsas de las grandes de residuos plásticos-, no era más que una pequeña parte, pequeñísima, de lo que queda escondido en minúsculas partículas de derivadas del petróleo entre la arena. Aun así, terminamos satisfechos por la actividad y por ser todavía más conscientes de la realidad de los peligros del consumo incontrolado de los materiales plásticos.

El trabajo da hambre, así que nos dirigimos a preparar la cena entre todos, pero dirigidos por Auba. Este compañero y amante de la comida vegana, nos iba a demostrar que se puede preparar comida buena, rica y sana con productos exclusivamente de origen vegetal. Todo perfecto. Después de un ratito, ya estábamos todos sentados delante de una buena comida y mejor compañía, junto a una cálida chimenea.

Para terminar una buena cena, no hay nada como pasar una buena velada riendo, charlando y con los juegos (con temática de Greenpeace) que había preparado Auba. La verdad es que se lo había currado y resultó muy divertido.

Después de toda la actividad del día, a quien más y a quien menos se le cierran los ojos: ¿Nos vamos a dormir? Eso sí, en el albergue no hay bombillas. De todo hay que aprender; sobre todo, a valorar lo que todo los días tenemos delante y no nos damos cuenta. Aun así, resulta divertido ver (algunos hasta imaginar extraños personajes entre las sombras) con velas y linternas. ¡Hasta mañana!

Día 28, nos levantamos sin prisa, desayunamos todavía con menos -parece que no nos queremos ir-, y aun así, nos queda tiempo para ir a la parte de las rocas junto a la playa a terminar de recoger los restos de plásticos mas grandes, colocarlo para que la gente del parque lo retire. Fotos de un lado, fotos del otro, fotos para el recuerdo…LLega la hora de comer. Entre juegos y picoteo, se prepara la comida, comemos en la terraza del albergue bajo un sol calido de noviembre, todo un lujo. Todo recogido. ¿Nos vamos?

El regreso parece más fácil. “Por aquí el camino es más suave”, dicen los que ya han estado. Después de dos horas subiendo tramos que parecían el Tourmalet, saludando a bueyes, algún avistamiento de la isla de Menorca, mas risas y casi sin poder respirar, llegamos al punto de partida.

Para este encuentro, pensamos que sería bueno vivir entre todos el espíritu de Greenpeace (ecologismo y pacifismo), pero fuera de las circunstancias normales, es decir, todos juntos en la naturaleza, sin prisas, sin obligaciones -sólo las propias de nuestra forma de pensar, las que nos une-, conociéndonos mejor, aprendiendo a compartir, aprendiendo unos de otros, estando más unidos… Al fin, gozando de los amigos, de lo que es nuestra casa, la casa de todos: la naturaleza. Creo que esto es hacer un grupo.

Francisco Javier Soto, voluntario del grupo de Mallorca

Acerca de L@s Voluntari@s

Los voluntarios y voluntarias de Greenpeace España actúan
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