Reflexiones tras el desastre de Lorca

La experiencia del terremoto del pasado 11 de mayo la vivimos en Murcia, como suele ocurrir en estos casos, con sorpresa. Nadie podía pensar que algo así llegaría a ocurrir aquí y eso que estamos en una zona sísmica y, de vez en cuando, la tierra tiembla, pero siempre con muy poca intensidad. Nadie lo esperaba, pero estas cosas, tarde o temprano, ocurren. Más aún, los sismólogos ya venían advirtiendo desde hacía tiempo que se produciría uno mucho más fuerte de lo habitual.

Aún inmersos en el desconcierto de las primeras horas, pendientes de las víctimas y de la situación en Lorca, tengo que reconocer que una de las primeras cosas que se me pasaron por la cabeza, es la situación sufrida en Japón y es que en Murcia se estuvo a punto de construir una central nuclear en los años setenta en la localidad de Aguilas (a menos de 30 km del epicentro de este terremoto). Tras la experiencia de Fukushima, nada puede hacernos pensar que esa instalación hubiera resistido un terremoto de esa magnitud, más aún si se piensa que ahora sería casi tan vieja como la de Garoña.

Afortunadamente, la oposición social consiguió detener aquel proyecto y los terrenos comprados por hidroeléctrica (hoy Iberdrola) quedaron en manos de esa sociedad durante décadas, esperando el momento adecuado para sacarles partido, llegando a conseguir, con la llegada de Valcárcel al Gobierno Regional, su desprotección (habían sido declarados Espacio Protegido en los 80) y declarar la construcción de lo que llamaron “un nuevo Cancún en Europa”, Actuación de Interés Regional. Me refiero, por supuesto, a Marina de COPE. Pero, anécdotas aparte, lo cierto es que hay muchas localidades, como Lorca, en este país y esas, si tienen centrales nucleares y son tan vulnerables a los desastres naturales como ella y si hoy es un terremoto, mañana puede ser una riada, un incendio, o tantas otras posibilidades que siempre se contemplan como remotas, pero que invariablemente, suceden.

Se puede generar energía eléctrica sin tener que asumir los riesgos de un Chernóbil o la situación a que se enfrenta Japón. Evidentemente, un desastre natural que afectase a un campo solar o una instalación de aerogeneradores, por ejemplo, nunca supondría el coste humano, económico y medioambiental que acarrea una central nuclear.

Si uno se lo plantea bien, ¿qué tiene de especial una central nuclear? Tanta parafernalia, con edificios de hormigón, piscinas para enfriamiento, enormes chimeneas y medidas de seguridad, supuestamente, extremas, hablan a las claras de lo peligrosa que es y todo, en definitiva, para calentar agua, y mover una turbina. Eso ya lo hace el agua y el viento sin generar residuos, radiactivos durante decenas de miles de años y que luego no saben donde guardarlos.

Siempre hemos dicho no a la energía nuclear y, ahora, más que nunca, porque es sucia, cara, crea muy pocos puestos de trabajo y es extremadamente peligrosa.

Un saludo desde Murcia.

Feliciano Sáez, voluntario del grupo local de Murcia

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Los voluntarios y voluntarias de Greenpeace España actúan
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2 respuestas a Reflexiones tras el desastre de Lorca

  1. pvaldes dijo:

    clap, clap, clap

  2. Pingback: Reflexiones tras el desastre de Lorca | Wiki colaborativa Pedia

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